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SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, CHIAPAS, Mexico
MIS LIBROS: Olivos y Acebuches (cuento), Con un padre me basta (novela), Hablarán nuevas lenguas (poesía),Mar de cristal transparente (novela), Muy Intimos Quadernos (novela), Siete casos en busca de un psicólogo
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domingo, 4 de marzo de 2012

El parteaguas y mamá


En cualquiera de aquellas Navidades de mi infancia y de mi adolescencia mi madre lucía hermosa y, no obstante haber pasado los días previos ocupada en la cocina, ella estaba radiante. Adoraba el maquillaje, los peinados, los vestidos de moda y las reuniones sociales, con el ejemplo nos enseñaba lo que debía ser una mujer: feliz ama de casa y madre porque para eso nacieron las mujeres; entonces yo, niña aún, la interrogué un día en que, como ella no había dejado de cocinar y hornear y disponer todas las cosas de la casa y de sus hijos, se echó en un sillón de la sala y se quejó de cansancio, se veía descompuesta. ¿Te gusta ser ama de casa? Sí. ¿Te gusta todo lo que haces: lavar, cocinar, planchar, vivir para atender a un señor y a unos niños? Sí, me gusta. Oye, ¿y si no te gustara, qué harías? Me tiene que gustar, a todas las mujeres casadas les tiene que gustar. ¿Y si no? No hay no, les tiene que gustar y punto. Bueno, y… en un caso extremo… extremísimo… de que una mujer se diera cuenta que de verdad no le gusta nada lo que hace, que no quiere ser ama de casa ¿qué haría esa mujer? Esa mujer, fíjate bien, tendría que divorciarse y vivir de allí en adelante como una cualquiera. No se te olvide lo que te digo porque tú eres una niña muy rara y puede ser que no te vaya muy bien en la vida con esas ideas que tienes.

Fue hasta el final de su vida que mi madre pudo entender que había engendrado mujeres pertenecientes a la generación del parteaguas y que ya no habría más adelante “amas de casa” como profesión, ya que sus cuatro hijas fueron a la universidad y pudo ver en su misma casa: Licenciadas y después Maestras que eran psicólogas, nutrióloga, diseñadora y escritora (la rara de sus hijas). Así muchos años después de que tuvimos aquella conversación sobre las divorciadas y las raras, mi mamá estuvo en la primera presentación pública de mi obra y allí, en aquel auditorio enorme y oscuro, lloró de emoción y yo desde el escenario percibí el calor de sus lágrimas. Cuando nos abrazamos, al final del evento, por primera vez en su vida y en la mía me dijo: Hija, estoy muy orgullosa de ti.

Ese día yo también estaba muy orgullosa de mí porque el libro se trataba de una Antología de escritoras mexicanas al fin del siglo (A través de los ojos de ella, 1999) y compartí esa publicación con las grandes: llámense la Poniatowska, la Pacheco, la Krauze y hasta con Rosario Castellanos. Sin embargo, de ese día de triunfo hoy me queda el recuerdo de las lágrimas de alegría de mi madre y, desde los confines del universo, sigo escuchando hoy más que nunca: Hija, estoy muy orgullosa de ti.



P.D. ¿Los muertos cumplen años? Me preguntó un día mi pequeño hijo de 5 años. Sigo pensándolo porque hoy, para mí, mi mamá cumple 2 años de haberse ido al Paraíso y también, tengo muy presente que mi tío Chebo mañana cumple 99 años y que ama la vida.

¡FELICIDADES A LOS DOS! LOS AMO